La biografía de Manuel Manilla es un rompecabezas incompleto, donde no están las piezas más importantes. No se conservan actas de nacimiento, matrimonio ni defunción, no hay retratos. Se desconoce cuántos hijos y hermanos tuvo. Solo un par de testimonios breves señalan que él y su hijo eran grabadores. Dice la leyenda o la historia, quien sabe, que hay cuatro fechas importantes en su camino por el mundo de los vivos: nace en 1830, desde 1882 colabora para Antonio Vanegas Arroyo, en 1892 se retira (dejándole la posta en el taller de Vanegas Arroyo a un grabador 22 años menor que él... José Guadalupe Posada) y muere de tifo en 1895.No se puede resumir la obra de Manilla en el simple hecho de ser el cimiento sobre el cual Posada construye su obra más significativa. Manuel Manilla es pionero en diversas formas de expresión impresa y, como tal, se le debe reconocer. Fue el primer grabador que se especializó en publicaciones infantiles, en la producción periódica de calaveras, y en la ilustración de cancioneros populares. También abrió camino diseñando portadas de libros en encuadernación rustica, produciendo grabados para carteles de espectáculos, e ilustrando textos escolares y anuncios publicitarios.
Nadie de su época hizo una aportación tan variada y tan importante al arte gráfico mexicano.
Heredero de la estampa colonial, Manilla mantiene un estilo casi inmutable durante décadas, y crea una forma de expresión muy auténtica. No tiene aspiraciones de artista: es un grabador artesanal del pueblo que retrata a sus iguales con dedicación y simpatía.
Observador minucioso de la vida cotidiana, logra en ocasiones grandes obras de pequeño formato. Relegado y confundido durante largo tiempo, espera solamente un mayor reconocimiento de su obra para que se le conceda su justo lugar dentro del arte mexicano y mundial.
Querido Manuel: La Calavera Valiente lo saluda e intenta correr el velo que cubre a su importante figura.
Salud maestro!, brindo con y por usted!
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